Yo lo he visto y he regresado impresionado de sus monumentos de estilo mudejar, sus gentes, “El Torico” (por pequeñico y en obras) y de la historia/leyenda de sus amantes.
Si de algo hay que morir en plena juventud, la forma más romántica es hacerlo por Amor, y que no me diga nadie que hoy en día no se padece por este motivo, pues el Amor es la rueda que mueve la vida, la palanca que eleva al Mundo y el motor de toda existencia. El Amor existe, como Teruel. Yo lo certifico.
Sólo el clima nos ha fallado, nos ha hecho de todo: frío, viento, lluvia, granizo y ¡¡nieve!!, el Sábado de Gloria nos sorprendió con una nevada que hacía tiempo no veíamos otra igual. No en vano era Semana Santa, pues caían copos como torrijas.
Las excursiones a Albarracín, en el corazón de la sierra del mismo nombre y las de Mora de Rubielos y su homónimo Rubielos de Mora, en el Maestrazgo: interesantísimas.
Para reponer fuerzas en Teruel: Restaurante Mesón de Ovalo, tanto en su modalidad de “a la carta” como el “menú del día”, excelente.