Si algo tan sencillo como ponerse unas mechas en la peluqueria ya puede hacer que te sientas raro al mirarte, no quiero imaginar la sensación que supondría algo así. Siempre pensé que habian cosas que no serían nunca de quita y pon, veo que me equivocaba
de todas formas, ya les vale. Teniendo en cuenta que, en la actual cultura occidental, se ve bien cualquier método que sea aceptado de buen grado por la pareja

(de lo cual me congratulo), resulta anacrónico tanto remilgo, ¿no?
jajaja... Si por algo me gusta tu blog es porque siempre me sorprendes con alguna cosa parecida. Ainssssss, siempre lo he pensado, al ritmo que vamos, cuando yo llegue a abuelita ¿¿¿de qué me sorprenderé yo???