Hay muchas personas convencidas de que se debe hacer todo lo posible por terminar con el terrorismo etarra, entre las que me cuento. La sociedad, nuestra sociedad, debe hacer un esfuerzo supremo para conseguir que cese la violencia de una vez por todas.
Pero, viendo lo que está aconteciendo en los juicios contra Txapote y Amaia, su falta absoluta de humanidad, regodeándose en el recuerdo de aquellos trágicos sucesos, desentendiéndose de todo lo que acontece en los juicios y esbozando sonrisas ante las declaraciones de los familiares de las víctimas, no dejo de pensar que a estas personas no se les pueden perdonar sus actos.
Tendrá que tener mucho cuidado el gobierno al que le toque negociar el abandono definitivo de las armas, por parte de ETA, para no caer en el error de conceder ni un sólo día de perdón, más que los que la Ley determina, a estos seres que hicieron, en su día, del asesinato frío y meditado, su forma de vida.
No existe idea, patria, bandera o himno que valga más que la vida de un semejante. Ni siquiera la de esta escoria social.