California ejecutó hoy, martes, a Clarence Ray Allen, un reo ciego, sordo y enfermo de 76 años que reabre el debate sobre el ajusticiamiento con la pena capital para los presos de avanzada edad.
Una hora antes de que lo declarasen muerto, a las 08:38 GMT del martes, Allen, el preso de más edad en el corredor de la muerte de la prisión de San Quintín, en California, había cumplido 76 años, una coincidencia trágica que sin embargo no pareció molestar al reo.
En su última entrevista, el condenado echó mano de su sangre Cherokee y Chotaw y dijo que, llegado el momento, sus últimas palabras serían las del dicho indio: 'Este es un buen día para morir'.
Sus esperanzas de celebrar su cumpleaños más allá del mismo lunes quedaron reducidas a la nada cuando el Tribunal Supremo rechazó, unas horas antes de la ejecución por inyección letal, la petición final de clemencia del condenado.
Sus abogados argumentaron que estaba demasiado enfermo y anciano para ser ejecutado, pero sólo un juez del máximo tribunal, Stephen Breyer, atendió a estos argumentos.
Breyer recordó en su decisión lo avanzado de la edad de Allen y su deterioro físico, además del largo periodo de tiempo que pasó en el corredor de la muerte (23 años).